Destete…¿y si no hay acuerdo?

    Dar el pecho, si todo va bien y no hay problemas, es una sensación maravillosa. Sentir a tu pequeño tan cerca, tan unido a ti, sentir tanto amor, es un vínculo que sólo tiene contigo y nadie más. Te sientes una superheroína, eres la superwoman de tu retoño, y tu arma infalible sirve para todo, le calma el hambre y la sed, lo duerme si está cansado, lo consuela si está llorando, y le da cariño si necesita mimos de mamá. Y además es un arma de doble filo, porque resulta que a ti también te consuela cuando consigues parar su llanto, también te calma cuando se queda dormido profundamente entre tus brazos, y el amor que trasmite te lo devuelve multiplicado por mil.

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    Pero llega un día, en el que tu bebé ya no es tan bebé, y tú llevas meses, o años, pegadita a él, siendo su todo, su alimento, su consuelo, su “chupete” para dormir, y las fuerzas empiezan a flaquear, y te das cuentas que echas de menos una noche para ti, sólo para ti, una noche sin dormir con un ojo cerrado y otro abierto, una noche sin mil despertares, incluso echas de menos poder apuntarte a esa cena de amigas tanto tiempo postergada, y echas muchísimo de menos salir a cenar con tu pareja con toda la noche por delante, volviendo a sentir esa sensación de ser sólo tú y él, y no “papá y mamá”.

   Y ahora, ¿quién se lo explica al pequeño?, porque lleváis mucho andado, lejos quedaron los días de  andar con tu bebé enganchado a la teta a todas horas, poco a poco llegaron las papillas, los trocitos, y se fueron quitando tomas, cada vez más, hasta que sólo quedaron las tomas nocturnas. Tu bebé ya puede pasar todo un día sin ti, incluso dormirse la siesta sin ti, recuperaste tus días, pero no la noche, la noche es otra historia, teta para dormirse, y teta para volver a dormirse las miles de veces que se despierta a lo largo de esas noches infinitas, por la noche no hay abuela, ni siquiera papá, por la noche sólo quiere a su mamá, y sus queridas tetas, y ahora, mamá y sus tetas, han tocado fondo, ya no pueden más, pero claro, el pequeño no está de acuerdo, él no piensa que haya llegado el fin de la lactancia, para nada, así que va a ser complicado ponerse de acuerdo.

   Y entonces es cuando mamá empieza a volverse un poquito loca, porque una vez ha tomado la decisión, no puede esperar más, quiere abandonar esa etapa maravillosa ya, porque se siente agotada, pero no quiere que su pequeño sufra, no quiere que llore, quiere hacerlo bien, sin llantos, sin traumas, aunque tenga que ser un proceso un poco más lento de lo que deseara, al fin y al cabo, después de tanto tiempo que importa un poquito más. Y empieza a buscar información desesperada, por algo ha nacido en la era de Internet y “San Google”, y además no tiene a alguien cercano a quién pedir consejo, los cambios en la crianza con respecto a la generación de nuestros padres han sido tan grandes que sus consejos nos parecen fuera de lugar, es así, es algo triste, y además lo complica todo, pero es así… Y empieza a leer cosas como “destete respetuoso”, “no ofrecer, no negar”, y en la teoría todo suena maravilloso, “sí, esto es bonito, así es como quiero hacerlo yo”, y se pone a ello, pero de la teoría a la practica hay un abismo, tal vez esas teorías funcionen con un bebé más crecidito, con más madurez, pero está claro que su bebé quiere teta sí o sí, y que no ofrecer no sirve porque ya lo pide él, y a voz en grito, berreando, llorando, lo tiene claro, sabe lo que quiere y lo quiere ya: “teta, teta, teta, teta…”, puede repetirlo 50 veces, puede hacerlo por horas, literal, hasta caer rendido de agotamiento, aunque antes su mamá ya le ha vuelto a dar teta, porque no puede soportarlo, y se siente la peor madre del mundo, y pasa otra noche más sin avanzar ni un ápice en el camino al destete.

    Otro día lee un idea que le parece fantástica, una mamá satisfecha de su logro, comenta su pequeño truco para destetar a su hija, se colocó tiritas en los pezones, y le explicó amorosa a su retoño que mamá tenía pupa en las tetas, y que no podía darle el pecho más. La niña lo entendió a la perfección, y misión cumplida, fin de la teta, sin lloros ni traumas. También está la versión de untar tus pezones con algo de sabor desagradable o empalagoso, tipo miel, para ahuyentar a la pobre criatura y que sea ella misma la que se niegue a chupar “eso”. Todo bien, al niño se le explica, parece entender, prueba “eso” y no le gusta el sabor, pero cuando llega la hora de la verdad, cuando llega la noche y quiere dormir, y quiere su teta para dormirse, como siempre ha hecho desde que nació, no hay explicaciones de pupas en las tetas o de sabores desagradables que valgan, quiere su teta y la quiere ya, y no hay explicaciones ni razonamientos que valgan, va a llorar desconsoladamente hasta conseguirla, y claro, al final la vuelve a conseguir, y cada vez tú estás más agotada y deprimida.

    ¿Y cuándo acaba esta historia? Pues acaba cuando te das cuenta que no hay destete respetuoso que valga si tu bebé no está preparado, porque tal vez esté preparado cuando tenga 3 años o más, y tú no vas a soportar tanto tiempo de espera, y comprendes que va a tener que llorar, que no queda otra, que si quiere teta para dormir y no hay, llorará, tal vez alguna vez lo distraigas, o esté tan cansado que se duerma, pero al final la pedirá, y si no la tiene llorará, y no hay más, y hay que pasar por ello, y lo mejor es mentalizarse de que van a ser unos días duros, para él y para ti, porque tú lo vas a pasar mal también, pero tu cuerpo y tu mente necesitan que lo hagas, has llegado a ese punto en que lo necesitas por tu salud física y mental, y eso, amiga mía, eso es lo más importante, porque si mamá no está bien, nada está bien, y al final serán unos días, unos días malos, y antes de darte cuenta habrá pasado una semana y habrá dejado de pedirla, o la pedirá pero tímidamente, sabiendo que tal vez venga un no, y conformándose enseguida, porque ya habrá aprendido a dormirse de otra manera, y en unas semanas ni siquiera la pedirá.

  Y es bastante probable, muy probable, que a partir de entonces tu bebé sea un poquito menos bebé y empiece a dormir mucho mejor, porque ya no tendrá esa necesidad imperiosa de sentirte al más mínimo desvelo, porque habrá aprendido a volver a dormirse, y si no es así, si sigue despertándose el mismo número de veces (cosa poco común), ya no necesitará tus tetas, y sólo tus tetas, para volver a dormir, podrá encargarse papá, la abuela…, así que podrás recuperar tus noches, aunque sólo sea para cerrar la puerta de tu habitación completamente sola, poner el despertador y saber que esta vez sí, por fin, vas a dormir 8 horas del tirón.

 

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