Si estoy embarazada…¡no me hables de partos!

Es un vicio, es una tentación irrefrenable, una trampa en la que todas, tarde o temprano, caemos irremediablemente; es estar junto a una embarazada, y sin saber cómo, acabamos hablando de partos…, para horror de la futura mamá, sobretodo si es primeriza.

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La primera vez que me pasó, embarazada de mi primer hijo, y con el miedo a lo desconocido metido en el cuerpo, no podía entender en qué momento la conversación había derivado en “el parto y sus distintas modalidades”. Lo más gracioso de todo, ironías de la vida, es que mi interlocutora ni siquiera había sido madre, pero por alguna razón, tenía conocimiento de todos los partos de su vecindad y amistades, a cual más largo y dificultoso…, se conocía todos los detalles escabrosos, y yo la escuchaba tragando saliva mientras pensaba: “¿dónde me he metido?”. Cuando terminó su muestrario de todo lo que puede salir mal, y me vio la cara de susto, me dijo: “bueno, pero tú no te preocupes, que seguro que todo va a salir bien”. “Ya, ya” le dije poco convencida mientras pensaba: “¿cómo que bien?? ¡es estadísticamente imposible que vaya bien!!”. Es verdad que fue bien, y si fue mal tampoco lo contaría, ¡no sea que haya alguna embarazada leyendo!.

Cuando pasé a formar parte del grupo de las que ya han pasado por un parto, he de decir, que caí en la misma trampa, y no una, ni dos, sino muchas veces. Sí, me confieso, yo también hablé a una embarazada de partos, y sin escatimar detalles, no tengo perdón, al paredón conmigo, pero lo hecho, hecho está, y de seguro me volverá a pasar, ¡será que es adictivo!. La verdad es que son conversaciones en las que acabas cayendo sin saber cómo… hay una embarazada en el grupo, alguien le pregunta cuándo sale de cuentas, y alguien pronuncia las palabras mágicas: “pues yo…” o “pues a una amiga mía…” que igual ni es amiga, ni conocida, ni vecina ni nada, igual fue una historia que le contaron a ella cuando estaba embarazada… en fin, eso es lo de menos, ni siquiera importa la veracidad de la historia, el caso es que todas tienen alguna anécdota propia o ajena que contar, y las  historias se suceden, como si jugáramos a pasarnos la pelota unas a otras diciendo: “te toca”, y el juego se llamara “cómo horrorizar a una embarazada en un minuto”. Al fin la mirada de alguien se cruza con la de la embarazada y al ver su rostro intuye que esta conversación no es la más apropiada, así que por fin interrumpe el “juego” a voz en alto: “¡eh! chicas” y señala a la futura mamá. Todas entendemos enseguida la metedura de pata, y tras los socorridos “todo va a ir bien” nos ponemos a hablar de los hijos…otro vicio: embarazos, partos, hijos…¿de qué hablábamos antes de ser madres?… ¡qué monotemáticas!

Años después de aquella primera vez que me hablaron de partos fue mi amiga la que se quedó embarazada, y cuando le recordé la conversación que tuvimos años atrás, cuando era yo la embarazada primeriza, ni se acordaba, ¡está claro que no le dio la misma importancia que yo a aquel monólogo de partos varios!, y entonces, comprendió que había llegado el momento de mi venganza… mirándola con cara de pícara le dije mientras me frotaba las manos: “ahora me toca a mí…”, pero no lo hice… ¿o sí?

 

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