La madre perfecta.

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Las mujeres arrastramos, desde que nacemos, una pesada carga en busca de la perfección. Esta afirmación puede parecer exagerada pero por desgracia no lo es. La primera prueba a la que nos enfrentamos desde bien pequeñas, es alcanzar el, siempre inalcanzable, cánon de belleza establecido. Es una auténtica tortura a la que se nos somete desde niñas, bombardeándonos con imágenes y afirmaciones incuestionables de lo que es bello y lo que no lo es, enseñándonos a odiar cada parte de nuestro cuerpo que no se aproxime al modelo establecido, y haciéndonos dedicar cada vez más esfuerzos, tiempo y recursos para alcanzarlo. Lo peor es que nunca será suficiente, es una lista de correcciones interminable: más delgada, más culo, más tetas, menos cintura, pelo más largo, piel más tersa, uñas cuidadas, bien maquillada…

En nuestro camino a la perfección, sin haber superado aún el primer peldaño, debemos ir labrándonos un buen futuro laboral, y acumular a nuestras espaldas millones de horas de estudios y trabajo para, supuestamente, alcanzar una profesión que nos brinde independencia económica al tiempo que satisfacción personal. Por desgracia, no siempre se cumplen las expectativas, y a veces las horas de esfuerzo, sacrificio e ilusión se traducen en insatisfacción laboral.

Pongámonos ahora en el mejor de los escenarios, imaginemos una mujer que ha logrado aproximarse bastante al cánon de belleza: una buena genética, ejercicio y alimentación se han combinado a la perfección, además de un esmerado cuidado diario que la hacen deslumbrar. Es muy guapa y lo sabe, se siente bien consigo misma. Además es una estudiante brillante, y se ha labrado una buena carrera profesional, lo que la hace irradiar seguridad y satisfacción.

 Y llega el momento de subir de peldaño: ahora quiere ser madre, pero no una madre cualquiera, al igual que ha hecho con el resto de facetas de su vida, ella aspira a ser la mejor de las madres, le sobran determinación y ganas para lograrlo, y se va a preparar concienzudamente para llegar a ser esa madre perfecta que ha estado visualizando desde niña, esa que nos han vendido y a la que debemos aspirar si tenemos un mínimo de ambición. ¿Y como es esta madre perfecta?

La madre perfecta es muy guapa, sí, esto es importante, la madre perfecta se cuida muchísimo durante el embarazo para no coger ni un kilo más de los absolutamente necesarios, y además se recupera enseguida tras el parto, al mes de dar a luz ya luce tipín y ha recuperado sus actividades en el gimnasio. No hay que dejarse, y ella no lo hace, siempre luce perfecta, maquillada, arreglada, ser madre no está reñido con seguir siendo una mujer sexy y atractiva.

La madre perfecta es una profesional responsable y de éxito, tan pronto termina su período de baja maternal de 4 meses, tiempo más que suficiente para bebé y madre, se reincorpora al trabajo con las mismas energías y dedicación de antes, currando tantas horas como sea necesario para que su trayectoria y proyección profesional no se vean mermados por su nueva situación.

La madre perfecta conserva intacta su vida social, por supuesto. Siempre saca tiempo para ella y sus amigas, sigue disfrutando de cine, noches de chicas y escapadas de fin de semana, porque mantener una buena vida social es imprescindible para ser feliz.

La madre perfecta cuida también de su relación de pareja, siempre saca un rato sólo para los dos, y una vez por semana como mínimo deja a los niños con la abuela o una niñera para tener un cita romántica.

Y la madre perfecta, por supuesto, es también una buena madre, una madre alegre, enérgica, que puede con todo. Ha sabido acostumbrar a sus hijos, desde bien pequeños, a estar con otras personas, lo que le ha permitido tener tiempo para todo, y ha hecho a sus hijos unas personitas autónomas, no dependientes de mamá. No necesita estar todo el día con ellos porque el tiempo que pasa con ellos es tiempo de calidad. Sabe que es mejor pasar un par de horas buenas al día con ellos, porque las dos partes llegan a ese momento del día con ganas de verdad, y lo exprimen y disfrutan al máximo.

Puede que nuestra mujer perfecta llegue a ser esa supuesta madre perfecta, puede ser que lo consiga, y se sienta plena, realizada y feliz. Se acostará por la noche en su cama con la autoestima por las nubes, sabiendo que ha conseguido ser la superwoman que la sociedad espera de ella: bella, gran profesional y mejor madre. Y puede que sus hijos la adoren, puede que ese tiempo de calidad sea de verdad lo mejor para ellos.

O puede que no. Puede que al convertirse en madre, de un plumazo, cambien todas las prioridades en su vida y su mundo se ponga patas arribas. Puede que el estar siempre estupenda, sin un gramo de grasa en la cintura y con la manicura recién hecha deje de ser tan importante. Puede que ese trabajo que tanto adora, no necesite, de momento, tantas horas de dedicación. Tal vez los días con las amigas tendrán ahora que espaciarse un poco más, porque no le apetece separarse de su bebé ahora mismo. Y puede que las salidas románticas tengan que esperar un poco en este momento…y puede que mire atrás, a esa mujer perfecta que fue, sexy, independiente, segura de si misma y se mire ahora, mire a la mujer en que se ha convertido, y, contra todo cánon de superwoman establecido, se guste más, muchísimo más, puede ser.

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