Ama de casa versión 2.0.

 

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Hoy he aceptado un nuevo trabajo. No he preguntado por las condiciones laborales, no sé de horarios, sueldo o vacaciones, no tengo ni idea de las posibilidades de ascenso o promoción, si es que las hay, y aún no conozco a mi jefa, en realidad no sé casi nada del contrato que acabo de firmar. No estaba en mis planes aceptar un trabajo así, no era mi vocación, no estudié una carrera para esto y es lo último que me habría imaginado en mi vida desempeñando, pero hoy, contra todo pronóstico, hoy me quedo en casa, y es que desde que soy madre tomo muchas decisiones por impulsos, guiada por mi instinto y mi corazón, y desoyendo a la razón.

Poco a poco, con el correr de los días, voy conociendo las condiciones laborales, y estoy empezando a tener la sensación de que son innegociables y que permanecerán inalterables por mucho tiempo. Me asaltan las primeras dudas: “¿me habré equivocado?”, pero el renacuajo que corretea por casa me dice que no.

La primera y más destacable condición de este curro es el sueldo: no hay. Debo confesar que esto ya lo sabía antes de aceptar el trabajo, pero no sabía que no es agradable volver a depender económicamente de alguien, porque por mucho que se trate de un reparto de tareas, de una decisión tomada conjuntamente en la firme creencia de que en nuestro caso es lo mejor para la familia, y que el dinero que entra en casa es, de hecho, de la familia, con independencia de a quién se lo hayan ingresado, en el fondo, sabes que es Su nómina la que entra, que él es el que está cotizando, y que si el futuro nos separara, porque la vida da muchas vueltas, tú lo tendrías mucho más difícil que él.

La otra condición más destacable es el horario, en este caso tampoco hay horario. Disposición plena 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año. No hay vacaciones ni festivos, con suerte algún día de asuntos propios un par de veces al mes, con suerte.

Con respecto a los compañeros de trabajo, tengo un único compañero, aunque no siempre está disponible; se trata de mi pareja. He de decir que en esto he tenido mucha suerte, si no, creo que ya habría dejado el trabajo…Mi compañero es responsable, trabajador y no se escaquea, el reparto de tareas se hace al 50% dentro de sus posibilidades, dado que está pluriempleado, así que soy consciente de que, en esta sociedad tan machista que aún arrastramos, tengo mucha suerte, porque algo que debería ser lo lógico, se convierte en poco habitual, por desgracia.

Luego está el tema de la promoción profesional, que es un poco desconcertante. Resulta que al principio tenía unas condiciones, éstas fueron empeorando al añadir un segundo y después un tercer hijo, y luego, conforme crecieron los niños, hay condiciones que fueron mejorando considerablemente, pero otras empezaron a empeorar así que, podría decirse que es una promoción con altibajos, que no depende de méritos personales, aunque sí de la antigüedad.

Sólo me quedaría por añadir el reconocimiento social que tiene este trabajo. Ninguno. Más bien arrastra un estigma de pseudoempleo, y a pesar de las horas, el desgaste físico y mental, las innumerables cualidades que se necesitan para ejercerlo, y lo poco reconfortantes que resultan los resultados obtenidos, siempre por debajo de lo deseable y efímeros, muy efímeros…con todo, si eres ama de casa lo más bonito que van a decirte es que eres “una mantenida”, y ni se te ocurra tomarte un descanso de media hora para tomar un café con tus amigas, porque darás lugar a que te señalen lo bien que vives, estando todo el día sin hacer nada.

Llegados a este punto, creo que es el peor y más duro trabajo que he ejercido en mi vida, el que menos satisfacciones me ha dado, y el que más me ha desgastado física y, sobretodo, mentalmente. Psicológicamente ha sido demoledor dedicarme tanto tiempo y con tanto ahínco sólo a la casa y los hijos, así que llegó un día en que me dí cuenta de que no podía seguir así, debía hablar urgentemente con mi jefa y exigir mejoras laborales, era eso o dejar el trabajo, no habían más opciones. Y me senté a hablar con ella.

Resulta que mi jefa era yo misma, así que inicié un diálogo conmigo misma:

– A ver señora, o mejoramos esto, o salgo por la puerta y no vuelvo hasta encontrar un trabajo “de verdad”. Así que, pon a trabajar tu cabecita, porque hay varios puntos que resolver urgentemente.

-Te escucho- me dije a mí misma.

-Lo primero y más urgente que necesito es tiempo. Necesito tiempo para mí, sólo para mí, para hacer lo que me apetezca de verdad, lo que me llene, lo que me haga vibrar el corazón y respirar. Y tiempo para mí no es una vez al año, es todos los días, un paréntesis todos los días para reponer fuerzas y sentirme feliz, de nuevo.

-Está bien, podemos solucionarlo. Desde las 13:30h hasta las 22:30h aproximadamente, es imposible, ya que tienes que recoger a los niños del cole, comida, extraescolares, deberes, cenas, baños… Y los fines de semana, tienes a los niños 24 horas, así que nos quedan las mañanas de lunes a viernes, y durante esas mañanas hay que hacer comidas, lavadoras, lavavajillas, plancha, y orden y limpieza de la casa…¿qué tal si le robamos una hora a la limpieza de la casa?

-¿Para hacer lo que quiera?

-Lo que quieras.

-¿Aunque haya tareas de limpieza y orden pendientes?

-Siempre las hay.

-Que sean dos horas.

-Hecho.

-Luego está el asunto de los caprichos…quiero poder darme un capricho de vez en cuando, sin sentirme culpable. Gastar dinero en algo para mí, porque me apetezca, sin más razón.

-De acuerdo.

-¿Aunque haya otros gastos más urgentes y necesarios?

-Siempre los hay.

-¿Sin comprar algo a los niños para compensar?

-Sin hacerlo.

-Vale, esto ya es otra cosa. Por último, tengo una última petición. Necesito tiempo de ocio con mi pareja y amigos, sin los niños, lo necesito urgentemente y con más asiduidad, no una vez cada 2 meses. Quiero dejarlos de vez en cuando con la abuela, a comer, a dormir, sin sentirme egoista por dejarlos y no pasar todos los días sin cole con ellos, sin sentirme culpable por el trabajo que le doy a la abuela dejándole 3 niños de golpe.

-Muy bien, esto es más complicado porque no depende de mí, pero en lo que esté en mi mano te garantizo que cuando surja la oportunidad no la voy a desperdiciar, no va a haber lugar para dudas, y voy a pedirlo más habitualmente, sin pensármelo tanto.

-Me vale.

Y así, con este nuevo contrato sobre la mesa, acabó la negociación con mi “jefa”. Lo firmé y estoy contenta, me mantuve firme en mis peticiones y creo que me fue bastante bien, se portó e hizo muchas concesiones, así que, desde ese día en adelante, las cosas empezaron a mejorar…

Ahora puedes verme por las mañanas yendo al gimnasio, leyendo o escribiendo, o simplemente, dando un paseo, porque son mis dos horas al día para mí y no las perdono por mucha faena pendiente que haya en casa.

Y me verás más habitualmente saliendo del portón de la abuela, con la ligereza que da el caminar sóla, sin 3 niños correteando alrededor, respirando el silencio y la calma para variar, y reprimiendo la risa tonta, sintiéndome una quinceañera a la que han dejado por fin salir sóla de casa.

Confieso que me he convertido en una empleada mediocre, me escaqueo cuando puedo, trabajo lo justo y no echo ni una hora extra en casa por más trabajo que haya. Pero es que, como dije, este trabajo no es mi vocación, la verdad es que ni siquiera me gusta, no me gusta barrer, fregar, quitar el polvo, tender y recoger lavadoras cada día, ordenar mil millones de cosas que mis tres hijos plantan por toda la casa, ni calentarme la cabeza cada día para saber qué hacer de comer. No me gusta pero, dedicarme a ello, me proporciona el tiempo que necesito para estar y cuidar a mis hijos, y resulta que esto último, sí que se ha convertido en una verdadera vocación, una vocación que descubrí al nacer mi primer hijo, aunque algo intuía ya…, una vocación que sigo manteniendo con los tres. Y como vocación que es, aspiro a hacerlo lo mejor que pueda, y resulta que desde que he empezado a ser peor ama de casa, me he convertido en mejor madre, porque ahora soy una madre feliz, que gasta bromas, que ríe aunque siga cansada, y no la madre en la que me estaba convirtiendo, siempre amargada, siempre seria, siempre con ese gesto de cabreo permanente. Ahora me quiero y me cuido más, y en consecuencia, puedo querer y cuidar más a mi familia.

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2 comentarios sobre “Ama de casa versión 2.0.

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