Mi barriga perfecta.

Llegó la primavera. Los días se alargan, va anocheciendo cada vez un poquito más tarde, y tenemos más días soleados…el frío poco a poco nos dice adiós, y empezamos a disfrutar del aire libre…

El fin de semana pasado, mi marido trabajaba por las tardes, y yo, que me da bastante pereza planificar salidas, yo sola, con los tres cachorros, puede decirse que me mudé a la terraza de casa, a disfrutar del buen tiempo que hacía. El sábado por la tarde, el aire que había estado soplando paró, y hacía un sol radiante, así que me levanté la camiseta y dejé mi barriga al descubierto para sentir el sol en mi piel. Mi hijo mediano, que estaba en frente mía, se río.

– ¿De qué te ríes? – le pregunté.

– De tu barriga – me contestó mientras se sonreía.

– ¿Y eso?

– Está gorda – y se reía divertido.

– ¿Ah sí? ¿tu crees? – le pregunté.

– Sí, está gordota – y vuelta a la risa.

– Pues yo creo que está perfecta – le dije, y paró de reírse al instante – ¿sabes por qué? – y negó con la cabeza – pues porque esta barriga ha sido el recipiente perfecto donde tú y tus hermanos vinisteis a la vida. A ella llegasteis del tamaño de una lenteja, y en ella crecisteis, perfectamente protegidos y alimentados, hasta convertiros en preciosos bebés, sanos, fuertes y perfectos… Esta barriga sólo tenía una misión que hacer, la misión más importante de su vida, e hizo su trabajo a la perfección, ¡por tres veces!, y si por el camino le quedaron secuelas, son sólo las cicatrices del deber cumplido, recordatorios de la magia que se obró en ella, para que nunca olvide que por unos meses os llevé dentro de mí, compartiendo oxígeno y alimento, sintiendo el latido de dos corazones en un sólo cuerpo. Por todo esto, hijo mío, mi barriga es perfecta.

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Mi hijo iba a preguntarme algo cuando apareció mi pequeña que, al ver mi barriga al aire, se acercó a abrazarme exclamando: “¡barriguita!”, disfrutando gustosa del roce de la piel. Mi chico olvidó lo que iba a preguntar y se fue a jugar, y allí me quedé, disfrutando de las manitas de mi niña que me acariciaba, libre de prejuicios y cánones de belleza.

Yo misma tengo esos prejuicios y cánones muy presentes, no lo voy a negar, te los inyectan en el subsconciente desde bien pequeña, pero cuando me doy cuenta de que me afectan de alguna manera, tratando de minar mi autoestima, pongo las manos en mi barriga, y recuerdo cuando, estando embarazada, las ponía allí, en ese mismo sitio, queriendo sentir a mi bebé, y entonces pienso que en esa barriga he llevado a mis tres hijos, dentro de mí, y la trato con más cariño, y mientras la acaricio con dulzura, le digo: “mi barriga perfecta”.

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