¿Coincidencias? horarias…

Creo que mi hijo mayor tendrá un acontecimiento importante en su vida, una madrugada, sobre las 3 de la mañana… Tal vez tenga una idea maravillosa que le cambie la vida, o descubra entre sueños  cuál es su verdadera vocación, o su corazón le revele al fin quién es el amor de su vida, o por el contrario, le indique claramente que está con la persona equivocada. Algo grande ocurrirá en su vida, y todo empezará con un pálpito, una intuición, una sensación que lo despertará de su profundo sueño, justo a las 3 de la mañana.

¿Y cómo sé esto? No, no soy bruja ni nada parecido, o un poco sí…no sé, pero el caso es que es más sencillo que todo eso, simplemente lo sé porque lo experimenté en mis propias carnes. Todo empezó en mi barriga, obviamente, por algo soy su madre. Yo soy una persona que nunca he dormido demasiado bien, bueno, nunca no, cuando era cría dormía del tirón todas las noches, evidentemente, pero conforme crecí, fui durmiendo cada vez un poquito peor, y no porque no me guste dormir, ¡soy una dormilona empedernida! pero preocupaciones, horarios cambiantes y pisos compartidos con poco amor por el descanso nocturno, fueron haciendo mi rutina nocturna cada vez más complicada. El embarazo no iba a ser una excepción, así que, angustias constantes, mal cuerpo y una barriga cada vez más pesada, convirtieron mi cita diaria con Morfeo en un desafío. Lo que más me costaba era coger el sueño, pero vuelta tras vuelta, al fin lo lograba, y caía entonces en un sueño muy profundo, debido, imagino, al cansancio acumulado. Y de ese sueño profundo me despertaba cada noche, totalmente desvelada, casualmente, sobre las 3 de la mañana. Cuando empecé a sentir los movimientos de mi bebé dentro de mí, esa cita de madrugada venía acompañada de algún balanceo en mi barriga, al principio eran sensaciones sutiles, como pequeñas olas que me sacaban de mi letargo, pero conforme pasaban los meses, oleajes de tormenta en forma de patadas me despertaban de un respingo, siempre aproximadamente a la misma hora. Yo ya bromeaba con la situación, y hablándole a mi barriga, le decía a mi bebé: “vale, vale, ya son las 3, ya estoy despierta”. Llegados a este punto, ya podréis imaginar en que momento del día empezaron las contracciones que me llevarían al hospital a dar a luz a mi hijo, un martes justamente sobre las 3 de la mañana (de mis tres hijos, es el único cuya venida al mundo recuerdo con semejante precisión horaria) y finalmente, mi hijo nació, por supuesto, la madrugada del miércoles al jueves, a las 3:30 h. de la mañana…

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¿Coincidencias? puede ser, pero algo me dice que si algún día, su cuerpo o su corazón necesitan decirle algo, elegirán esa hora de la noche para revelárselo.

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