Tully. Ser madre sin tribu.

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El otro día me encontré con esta película en Netflix. No la conocía, aunque hace ya como un año que la estrenaron, pero lo de encontrar un rato para películas o series es para mí, a día de hoy, una misión casi imposible. Antes de verla, como siempre hago cuando me dispongo a dedicar dos horas de mi raquítico tiempo libre a estar tirada en el sofá, busqué algo de información sobre ella y éstas fueron algunas de las críticas que encontré en Internet:

“Pocas veces ha retratado el cine con tan poca diplomacia el día a día de una madre con su recién nacido (…) Charlize Theron te conquistará feúcha y gorda. (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”
Andrea G. Bermejo: Cinemanía.

“Implacable película en torno a la maternidad desde una perspectiva tan realista como nada complaciente (…) destila una enorme sutileza e inteligencia a la hora de acercarse a las disfunciones emocionales (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”
Beatriz Martínez: Fotogramas.

Suscribo totalmente las palabras de estas dos críticas. Te guste más o menos la película, es para mí, la única película que he visto hasta el día de hoy, que refleja fielmente lo que supone el primer año de maternidad. Sin edulcorar, sin romanticismos vacuos, sin esconder la gran cantidad de sombras que se ciernen sobre una madre desde el momento en que le ponen encima a esa criatura indefensa y totalmente dependiente. No se deja nada en el tintero, aborda todas las encrucijadas por las que pasa una madre y es un reflejo totalmente fiel de la realidad de la crianza, lejos de las imágenes que por años hemos tenido que soportar de madres sonrientes, bellas, relajadas, y en la cúspide de la felicidad absoluta al haber cumplido con su propósito en la vida.

Ser madre es jodidamente duro, y ya es hora de empezar a contarlo, y esta película lo hace: Retrata el día a día de una madre de dos hijos, embarazada del tercero, con pocos recursos económicos, que obligan a su pareja a trabajar durante todo el día, quedando ella prácticamente sóla a cargo de los hijos y la casa. Su hermano, que sí vive holgadamente, con buena casa, cochazo, niñera, y una mujer de revista, no reconoce a su hermana en aquella mujer exhausta, triste y desaliñada en que se ha convertido, y ante la inminente llegada del tercer hijo, decide obsequiarle con un regalo bastante particular: una niñera nocturna. Ella se niega rotundamente, y le parece un disparate meter en su casa a una desconocida para que haga las labores que se le suponen a una madre, pero finalmente, cuando el agotamiento extremo la lleva al límite, consiente. La película trata la especial relación que establece con esta niñera, retratando muchos de los nubarrones contra los que lucha una madre, en una etapa que se presupone feliz y maravillosa.

Algunas de las problemáticas que aborda, dentro del absoluto protagonismo del agotamiento extremo que lo empapa todo, son:

  • la dificultad de la lactancia:  esa imagen (antítesis de la sensualidad) del sacaleches en tus tetas, los pechos hinchados, la leche que brota en el momento más inoportuno ensuciando tu ropa, la insistencia desquiciante del bebé…
  •  la falta de autoestima: cuando te miras al espejo y no te reconoces, tu cuerpo ha dejado de gustarte, ya no te sientes sexy, ni guapa, si no más bien gorda, pesada y torpe, y te preguntas dónde está esa chica que se arreglaba y se sentía atractiva.
  • el sexo, o más bien, la ausencia de él: no recuerdas la última vez que te acostaste con tu pareja, y tienes que hacer un esfuerzo para darte cuenta que te sigue atrayendo, y piensas si le seguirás atrayendo a él. Te llegas a preguntar dónde quedaron aquellos encuentros maravillosos y dudas si volverán…(cansancio, lactancia y falta de tiempo se convierten en el terrible trío anti-líbido).
  • la falta de diversión: llevas tanto tiempo dedicándote sólo a cuidar a los demás que ansías fervientemente volver a divertirte. Anhelas reír, bailar, jugar, lo que quiera que sea que te haga sentir viva de nuevo.

Pero una de las cosas que más me hizo reflexionar fue la soledad, la inmensa soledad que sufrimos muchas madres en esta sociedad en que nos ha tocado criar. La niñera que acudió al rescate de la protagonista no hace realmente nada que no pudiera hacer una abuela, una hermana, o una pareja. La acompaña, escucha y comprende, la apoya y la anima, y le da descanso acunando a su bebé, y ayudándola en lo que ella necesita en cada momento, es un pequeño sostén que le da el empuje para seguir, pequeñas acciones que se vuelven gigantescas para una madre agotada.

Cuando no hay una abuela, una hermana, una amiga… por la distancia, el trabajo, la ausencia de tiempo, o todo al mismo tiempo, cuando tu pareja tiene que trabajar porque los gobiernos y las empresas no entienden que una baja para cuidar a un recién nacido no es un lujo, cuando te ves tu sóla con la crianza, es una lucha diaria titánica, y en tu soledad, piensas cómo sería haber nacido en otra sociedad, una sociedad con menos bienes materiales y menos avances tecnológicos pero con más humanidad,  una sociedad que sintiera los hijos como lo que son, el bien más valioso de la comunidad, y que entendiera que su cuidado y protección deberían ser una labor de todos, en definitiva, una auténtica tribu a tu alrededor, sosteniéndote, con apego y unión.

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