Contradicciones.

Dos mujeres me habitan, y no consigo saber cuál de las dos soy yo en realidad.

Una es alegre y activa, tiene mil planes en la cabeza y se levanta con ímpetu, ansiosa por empezar a llevarlos a cabo.

La otra está triste y apagada, no sabe qué hacer con su vida ni por dónde empezar, y se levanta con ganas de seguir acostada.

Una es madre cariñosa, le gusta jugar con sus hijos, les habla paciente y comprensiva y adora dedicarles todo el tiempo de que dispone.

Otra es una madre cansada, harta de una paciencia que hace mucho tiempo que se le gastó, y rezando por volver a disponer de tiempo, espacio y soledad.

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Una es madre agradecida a la vida, porque pudo escoger quedarse en casa, que se siente afortunada por no perderse nada de la niñez de sus hijos, por llevarlos y recogerlos del cole, comer con ellos, pasar todas las tardes con ellos, ayudarles con los deberes, acostarlos…

Otra es madre perdida, que añora tener un trabajo “de verdad”, que se siente, en cierto modo, fuera de la sociedad y de la vida real, recluida en su particular mundo infantil.

A veces soy pura luz, resplandezco agradecida por todo lo bueno que tengo en mi vida, y por todo lo bueno que ha de venir. Soy energía, irradio ganas de aprender, de crecer, de mejorar, y encuentro la fuerza, la voluntad y la energía para sacar tiempo para todo lo que me propongo.

Otras veces soy sólo oscuridad. Me anclo justo en lo que no tengo, y me regodeo en penas del pasado aún a sabiendas de que esos recuerdos no me llevan a ningún lugar. No encuentro la fuerza, ni la voluntad ni la energía para hacer de las 24 horas que tengo por delante un tiempo de satisfacción y realización.

A veces me gusto, me identifico con la imagen que transmito al mundo, me siento feliz, agradecida, satisfecha. Otras veces siento que esa imagen es sólo una máscara, una ilusión de alguien que en realidad no soy y que nada tiene que ver con mi verdadera naturaleza porque en mi interior me siento insociable, solitaria, melancólica, y sin ganas de ofrecer al mundo esa otra imagen que se espera de mí, cansada de fingir, y sólo deseo estar sóla, con mi auténtico yo que tan, tan poco me gusta.

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