Síndrome premenstrual con hijos.

La verdad es que nunca imaginé que escribiría una entrada sobre este tema, ni siquiera sabía que esto podía ser un tema, pero ahora que lo he vivido en mis propias carnes sé que sí, que sobrellevar cada mes el síndrome premenstrual con niños pequeños correteando por casa es toda una odisea, puede que mucho más para ellos que para nosotras.

Todas las mujeres habitamos un cuerpo que, por su naturaleza, transita periódicamente por estados muy distintos, y en cuestión de días pasamos de un alegre optimismo a una dramática tristeza, de un recogimiento e imperiosa necesidad de soledad a un ferviente deseo de socializar. Hay meses en que estos cambios son realmente sutiles, y sólo la que los sufre, si ha hecho el trabajo interno de conocerse y reconocerse, llega a notarlos, pero hay otros meses en que estos cambios son tan drásticos de un día para otro que te desmontan como un huracán, haciéndote transitar por sentimientos desproporcionadamente intensos. Es la magia de ser mujer, y si cada mujer aprendiéramos a escucharnos y respetar nuestros ciclos, podríamos sacarnos el máximo partido haciendo uso de la mayor fuente de autoconocimiento y empoderamiento que tenemos: nuestro propio cuerpo. Si aún no lo has hecho, te recomiendo encarecidamente que busques información sobre los ciclos femeninos, para empezar a respetarlos y amarlos, conociendo sus flaquezas pero también las fortalezas de cada uno. Hay muchas lecturas que versan sobre el tema, yo te recomendaría: “Luna Roja” de Miranda Gray, pero hay muchas más.

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El problema radica en que somos seres sociales que vivimos en una sociedad con sus propios ritmos y obligaciones, y al mismo tiempo, convivimos con otras personas que también tienen sus propios ritmos y necesidades, y que no siempre pueden adaptarse a los vaivenes de nuestro cuerpo.

Desde el día de mi primera regla al día de hoy nunca he vivido sola. Del hogar familiar pasé a pisos compartidos, y de estos al que sería el hogar de mi propia familia, primero con mi pareja y después con uno, dos y tres niños (¡sólo nos falta el perro!). Convivir es conocerse, y conocer los ritmos de las mujeres con las que habitas, respetar sus cambios y armarse de paciencia y comprensión cuando te salpica un episodio de sentimientos desbordados. Mi pareja sabe bien de qué hablo, creo que él escribiría mejor que yo esta entrada…, el problema es que un niño pequeño no entiende, ni tiene por qué hacerlo, de ciclos, hormonas revolucionadas o cambios de ritmos vertiginosos. Tu hijo no puede alcanzar a comprender tus exageradas salidas de tono, tu imperiosa necesidad de estar sola, tu falta absoluta de paciencia o tu arranque a llorar sin motivo aparente.

Antes de ser madre, en estos días en que yo me sentía “fuera de control”, con esa sensación de irritarme por todo y con todos, susceptible hasta no soportarme a mí misma mientras lloro amargamente por alguna banalidad, o entro en cólera en una milésima de segundo…esos días, sencillamente desaparecía, o al menos lo intentaba, evitando en la medida de lo posible actos sociales o conversaciones que pudieran terminar mal. Pero mamá no puede desaparecer, no puede explicar a sus hijos que necesita estar sola, o que en unas cuantas horas, simplemente, no le dirijan la palabra…¿Cómo le explicas a tus hijos que hoy estás muy irritable o susceptible y que, por un día, han de olvidarse de ti? Obviamente no. Así que ellos también han de empezar a conocerte, y entender que mamá no siempre está igual de cariñosa, paciente o divertida…¡Y vaya si te conocen! Siempre me sorprende lo listos y comprensivos que son los niños, su total falta de rencor y su amor incondicional. Aún recuerdo mi último arranque de histerismo, en uno de esos días especialmente difíciles míos, entre gritos y aspavientos acabamos los cuatro llorando, mis hijos y yo. Mamá tuvo que pedirles perdón por su reacción desmedida, y traté de explicarles, como pude, que mamá es una persona cíclica, y que cuatro mujeres la habitan…bla, bla, bla…Ya podéis imaginar en el jardín que me metí yo solita, teniendo que responder una pregunta tras otra el día que menos ánimos tenía yo para dar explicaciones. En ese momento maldije mi convicción de hablar a los niños con naturalidad, explicándoles las cosas tal como son, y me pregunté porqué no les habría gritado un simple: “¡hoy no estoy para tonterías!” como habrían hecho conmigo en su día. Al final, zanjé el tema “brillantemente”, diciéndole a mi hija de tres años: “¡ya te enterarás cuando seas mayor!”, y al segundo de decirlo pensé que había sonado a maldición, la maldición de la mujer “loca” en la que algún día te convertirás…, pero por ese día ya había tenido más que suficientes explicaciones, ya abordaríamos el tema en otro momento, por ejemplo, cuando me encontrara en mi época ovulatoria, una buena fase para dialogar y transmitir, ¿por qué no aplicaba lo que leía?. En fin, lo maravilloso de los niños es que al segundo habían olvidado por completo la trifulca, y se reían tratando de entender algo de lo que les había contado…y yo, como siempre, me fascinaba al comprobar que, una vez más, eran ellos los que me habían dado una lección a mí.

 

 

2 comentarios sobre “Síndrome premenstrual con hijos.

  1. Me encanta este artículo, soy madre de una hija de 9 años y de dos niños, 6 y 3 años.
    Me he sentido superidentificada al leerte. Conozco los libros de Miranda Grey. No se me habia ocurrido explicarles a ellos las fases por las q paso cada mes…conozco esos momentos mágicos y esos momentos de querer hacer un agujerito y meterme a esconditas y permanecer ahí en silencio. Gracias por compartirlo.

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