¿Hablamos de sexo?

¡Qué poco se habla de sexo! un tema tan importante, tan vital para tener una vida plena y tan escondido, tan oculto dentro de nuestra esfera totalmente privada. Es bastante absurdo que en esta sociedad nuestra cueste tanto hablar con frescura y naturalidad de algo tan natural, y que sólo entre amigos muy íntimos y, a veces ni eso, podamos abordar una conversación tan útil, que tanto podría enseñarnos, ayudarnos o, simplemente, divertirnos. Nos definimos como una sociedad liberal pero la vergüenza sigue moviendo los hilos, y ocultamos nuestros problemas, dudas sexuales, o nuestra natural curiosidad, perdiéndonos una fuente infinita de información y experiencias que nos nutrirían a todos. ¡Qué poco se habla de sexo! ¡Y qué poco se habla de sexo en la maternidad! un tema nada relevante ni trascendental…¿qué importa el sexo cuando tu mundo se ha vuelto del revés?, otro tema controvertido que es mejor obviar, no sea que se nos desdibuje este imagen ideal de la maravillosa aventura de ser padres…Pues yo lo diré bien claro: para aventura y de las buenas, conseguir tener sexo después de ser padres, ya no hablemos de sexo de calidad…

¿Por dónde empiezo? ¿por el embarazo? supongo que si llevas un buen embarazo y te sientes de maravilla el sexo debe ser fantástico…en esos meses te sentirás más unida y conectada con tu pareja que nunca, y para rematar, las medidas anticonceptivas son innecesarias con lo cual ha de ser genial…si tienes un buen embarazo. No fue mi caso, así que puede decirse que yo aterricé en la maternidad con déficit sexual, en números rojos de 9 meses de nauseas perennes…y preocupada por poner el saldo, como mínimo, a 0…¡no sabía que los números negativos seguirían creciendo!

Hay tantos factores que merman el deseo sexual de una madre reciente que no sabría decir cual de todos ellos tiene mayor peso. Comenzaré por el principio, cuando mamá recién aterriza en casa con su bebé, envuelta en un mar de dudas y nerviosismo. Esa mamá reciente, no sólo trae del hospital una nueva vida, también viene con un cuerpo nuevo, un cuerpo sangrante, con más o menos kilos, y más o menos dolorido. Si ha sufrido una cesárea, episotomía o desgarro, seguramente lo último que deseará es que nada se acerque, ni remotamente, a su vagina, puede que sienta hasta pánico sólo con pensarlo, y puede que ese miedo la acompañe por meses, mucho tiempo después de que la herida  ya haya curado, mermando su excitación y, por ende, su lubricación natural. Si todo va bien y no hay dolor o el dolor desaparece en días, lo que sí perdurará por días será el sangrado, y por supuesto, ese cuerpo que recién albergaba una vida en su interior, tardará un tiempo en recuperar su peso y formas habituales, o el peso y forma más parecidas a aquellas que un día tuvieron. Esto sumado a que, por meses, mamá apenas tendrá tiempo para darse siquiera una ducha en condiciones, hace que sea bastante probable que mamá se sienta de todo menos una mujer sexy o deseable, hecho que no ayuda en nada a subir la libido, ni tan siquiera a prestar la más mínima atención a tu sexualidad, mejor no estar a esas cosas que sentirse frustrada…

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Otro factor totalmente determinante para la sexualidad de los papás recientes será la lactancia, la lactancia materna. Si mamá lo desea y todo va bien, podrá dar el pecho por muchos meses a su bebé, y vivirá una experiencia maravillosa, pero esta experiencia maravillosa vendrá acompañada también por grandes “daños colaterales” y uno de ellos es, sin lugar a dudas, la ausencia de libido. La principal causa de esta falta de deseo es, sencillamente, hormonal; durante la lactancia el cuerpo segrega prolactina, hormona antagonista de las que hacen tener libido y ser fértil: a saber, la testosterona, y los estrógenos y progesterona, quedando estos últimos a 0 tras dar a luz. De hecho, ninguna hembra mamífera se pone en celo durante la lactancia; sus pretendientes lo perciben por el olor y ni se acercan. Pero además de la causa hormonal yo añadiría otra causa meramente práctica: tus pechos están “ocupados”, aquellos pechos que podían ser masajeados, estimulados, chupados…ahora están a otras labores, y cuesta cambiar el chip y volver a sentirlos como aquella parte erógena de tu cuerpo tan importante para encender tu pasión. La incontrolable salida de leche tampoco ayuda demasiado a sentirte esa mujer sexual de antaño, y aunque está claro que es cuestión de naturalizar las cosas, y tomarlo como lo que son, otro tipo de fluidos más que intervienen en el acto sexual, de la teoría a la práctica hay un abismo…y en tu cabeza es fácil que pases de sentirte “mujer salvaje” a “vaca lechera” en una milésima de segundo. El no poder tomar ni una gota de alcohol tampoco ayuda, porque si andas baja de deseo, ese empujoncito que podría darte un poco de alcohol y que vendría de perlas justo en este momento de tu vida, está totalmente prohibido.

El cansancio extremo de los primeros meses, la falta de sueño, y el no poder encontrar un tiempo y un espacio para la pareja sería otro factor determinante. Al llegar el final del día, cuando por fin has conseguido dormir a tu bebé, lo último que te apetece es comenzar un encuentro sexual, te sientes tan absolutamente exhausta que te lanzas a la cama como un alma en pena. Y así un día con otro, por meses, aquí no hay fines de semana o días libres, tu bebé no coge vacaciones, y el sexo se sigue postergando indefinidamente, o, lo que es peor, se practica con pocas ganas y energías, empujada por el miedo a que tu relación de pareja se enfríe hasta un punto de no retorno, con la esperanza de que a fuerza de intentarlo, retornen la pasión y el deseo de antes.

La buena noticia es que la pasión y el deseo de antes retornan, pero tu vida ya no es la de antes, y tienes que aprender a lidiar con tu nueva situación, y darte cuenta de que tienes que hacer un gran trabajo interno para cambiar la perspectiva y ser consciente de que ni tú, ni vosotros, ni vuestra vida es la misma, y que, por tanto, los patrones de antes han dejado de ser válidos. Es curioso porque ahora pienso más en sexo que nunca en mi vida, justo cuando más difícil encuentro practicarlo. Antes de ser padres, siempre que se deseaba había sexo, todos los fines de semana había sexo, cada vez que había ganas había sexo, punto. Había energías, había tiempo, y había un espacio. Ahora las ganas no equivalen a tener sexo. No siempre hay un espacio y un tiempo, y cuando llega por fin el momento, es probable que las fuerzas se hayan disipado en la espera. La improvisación no suele entrar en juego, y tienes que aprender que sin planificación va a ser difícil que el sexo llegue, pero lo que en un principio te puede parecer una desventaja, se convierte de hecho en algo positivo, es cuestión de ver las cosas de un modo diferente, tan simple como darte cuenta de que lo de antes estuvo bien, pero lo de ahora puede estar mejor, se trata de cambiar la perspectiva…

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Antes pensaba que planificar cuándo se puede tener sexo era muy frío, que le quitaba la magia al momento, que se perdía el encanto de que el deseo surja espontáneamente, además de que me hacía sentir en la obligación de tener sexo sí o sí ese día y en ese momento, y conseguía justamente el efecto contrario en mí, que no lo deseara para nada. Pero ¿por qué no darle la vuelta a ese supuesto obstáculo? Ahora planifico cada semana cuando voy a poder tener un encuentro sexual, lo cual es fantástico porque ya empiezo la semana pensando en sexo, anoto en mi mente el día y cada vez que lo recuerdo me excito, pienso cómo podrá ser, y me excito, y me levanto ese día excitada, así que llego a ese momento con ganas, sí o sí.

Además estoy desarrollando como nunca mi creatividad sexual. Antes de ser padres casi todos los encuentros sexuales surgían de una forma parecida: te arreglabas, salías de casa a cenar, al cine o a bailar, y a la vuelta había sexo. Era un patrón que funcionaba bien, yo me arreglaba, me sentía sensual y atractiva, y después de pasar un buen rato de diversión, el postre era el sexo. De modo que al convertirme en madre, empecé a sentirme frustrada porque quería repetir ese mismo patrón: vestirme sexy, pasarlo bien y como colofón el sexo, la excitación y el buen rato estaban garantizados. ¿Pero y si resulta que el único momento que tienes para tener sexo es un martes por la mañana mientras los niños están en el cole? ¡Pues perfecto! ¿qué importa? sólo hay que tirar de imaginación para conseguir dejar a los niños y al segundo siguiente, en el mismo hogar familiar, sin vestirse sensualmente, y sabiendo que la mañana pasa rápido, surja el deseo. Sólo hay que ser un poco creativos: luces, olores, música, aceites…y ganas, muchas ganas de dedicarse esos ratos tan necesarios. Y si al llegar la hora de ir a por los niños al cole la casa sigue manga por hombro, y no hay un plato nutritivo sobre la mesa esperándolos, por ese día, no pasa nada, a tirar de pizza, porque esos ratos de pareja son sagrados.

Otra cosa que aprendí es que el deseo y la pasión no siempre surgen de forma espontánea. Como dice la sexóloga Sylvia de Béjar: “El buen sexo no es algo que te sucede, sino algo que tú haces que suceda” (no dejéis de leer su libro “Tu sexo es tuyo”, ¡inspiración de la buena!). Después de tanto tiempo desconectada totalmente de la sexualidad, absorbida en grado máximo por la maternidad, sin tiempo, espacio ni energías para nada más, la libido no va a resurgir por que sí de manera espontánea, de un día para otro. El deseo hay que buscarlo, hay que trabajárselo, hay que darle el espacio, el tiempo y el valor que se merece, y a base de trabajo, intención y atención, va resurgiendo, y creciendo más y más, demoliendo lo que antes te parecían trabas para practicarlo y recuperando el lugar que se merece. El sexo es importante, es placer, pero también es conexión con tu pareja y contigo misma, con tu cuerpo; el sexo es creatividad, es autoestima, es magia, no lo dejes para después, no te dejes para después.

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