Criar con instinto.

Últimamente me pregunto si algún día aprenderé el modo correcto de criar a mis hijos, porque cuánto más leo y trato de informarme y formarme más hecha un lío me siento. Resulta que todos, absolutamente todos los traumas que tenemos los adultos nos vienen en mayor o menor medida de nuestra infancia y del modo en que nos han educado y se han comportado en nuestra presencia nuestros padres. Es una noticia inquietante saber que todos mis comportamientos y actitudes van a influir en mayor o menor medida en el adulto en que algún día se transformarán mis hijos… ¡pues anda que no me equivoco yo veces al cabo de un día!

En lo que respecta a mi modo de educarlos, de un tiempo a esta parte parece ser que todo lo que hago con ellos está mal hecho, no importa lo que haga, todo es causa de traumas y futuras patologías, como si no tuviera bastante con asumir que mis hijos siempre me echarán en cara cuando crezcan justo aquello que no hayan tenido o aquello en lo que les haya fallado. Por un lado, no puedo ser en exceso autoritaria porque mermaría su confianza, al contrario, debo darles margen de decisión, y consultarles aquellas cosas que ya pueden decidir para que se sientan responsables de sus propias decisiones, con lo cual me encuentro en situaciones absurdamente ralentizadas porque ni ellos mismos saben lo que quieren; el otro día tardamos tres horas en salir a la calle porque se me ocurrió dejarles que eligieran su ropa, y todo por no decirles “te pones esto y punto”, en fin. También es importante, por el contrario, saber marcarles normas y límites, ya que lógicamente necesitan una vida ordenada y segura, y deben aprender también a tolerar la frustración. Perfecto hasta aquí, la parte difícil viene de que todo cuánto imponga a mis hijos debe quedar debidamente argumentado, debo explicarles el por qué de todo para que lo entiendan y comprendan que, cuando les pido algo, no es un acto autoritario sin justificación, aquí no sirve un simple: “no”, o un “ya lo entenderás cuando crezcas”, o el tan socorrido: “porque lo digo yo”. Esta frase está terminantemente prohibida, así que como una no siempre tiene ganas ni energía ni paciencia para dar explicaciones, yo por si acaso he empezado a llenar una hucha para futuras sesiones terapéuticas… ¡la de veces que me las dijo mi madre a mí y yo aquí, tan normalita!

20191015_195715

Luego está el tema de los castigos, que parece ser que tampoco son adecuados, y yo me pregunto, si un hijo, después de darle mil argumentos, agachada a su misma altura y mirándole a los ojos (conozco la técnica, la habré hecho como mil veces…) sigue sin hacerte caso, ¿cuál es el recurso si no hay un castigo, que no es otra cosa que una consecuencia negativa por sus actos? ¿esperar que reflexione y él sólo lo haga mejor la próxima vez? yo sólo tengo 3 hijos, y los 3 son tres personas absolutamente diferentes, y lo que me funciona con uno, que escucha atento mis argumentos y, arrepentido, aprende la lección, con otro es totalmente inútil, ni escucha mis argumentos, ni rectifica por sí mismo, ni hay un atisbo de arrepentimiento, más bien una sensación de “¡qué bien me lo paso haciendo el cafre!”, y la única forma de cambiar su comportamiento es cuando comprende que hay consecuencias por sus actos y las vive en sus propias carnes.

Por último, no puedo acabar sin mencionar el tema de los gritos. No creo que ninguna madre se levante por la mañana y sin venir a cuento empiece a hablar a sus hijos a gritos, no creo que a ninguna madre le sea agradable comunicarse así, ni sentirse en ese estado desbordado de sentimientos descontrolados, con el corazón a mil y la cabeza a punto de estallar como una olla a presión. Pero hay días buenos y días malos, hay días en que estás más descansada y tu paciencia dura más, das más explicaciones, lidias con las peleas y rabietas más calmadamente, y la energía de toda la familia parece fluir mejor. Pero hay otros días, muchos días diría yo, en que no puedes más, estás agotada, estresada con las mil obligaciones diarias, saturada de rabietas, peleas, desobediencias, malas contestaciones, chulerías….y gritas, ¡vaya si gritas! gritas como una loca para no salir por la puerta y largarte a paradero desconocido. Dudo mucho que ningún niño se traumatice por una escena así,  y el que nunca haya perdido la paciencia con sus hijos y les haya gritado poco tiempo pasa con ellos… pero bueno, para tranquilidad del que opine lo contrario, yo sigo llenando la hucha…

Yo era de las que devoraba cualquier artículo que me llegara sobre crianza y educación, quería estar bien informada para dar lo mejor de mí y hacer lo correcto con mis hijos, pero me he dado cuenta con el tiempo de que no toda la información que me llega me ayuda realmente, más bien al contrario, muchos de estos artículos no hacen sino mermar mi seguridad y confianza como madre, y hacerme sentir mal por situaciones que entendía había manejado mal, o por no sentirme suficiente, suficientemente paciente, suficientemente amorosa, suficientemente calmada, la lista es infinita…

Desde el día en que me convertí en mamá, sumida como estaba en los miedos e inseguridades que aterrizaron de pronto en mi vida, recuerdo que mi pareja siempre me repetía unas palabras: “confía en tu instinto”, y aquellas palabras fueron calando dentro de mí hasta llegar a creérmelas, “infórmate y lee cuanto quieras pero, en última instancia, confía en tí”. Y eso es lo que hago, o intento, en gran medida hacer, escucharme, cerrar los ojos y dejarme guiar por mi instinto, por lo que me dicen mis entrañas acerca de que es lo mejor para mis hijos, lo que funciona mejor para cada uno, tan distintos ellos, porque nadie los conoce ni los siente mejor que yo, y mi corazón nunca se va a equivocar. Esta sociedad nos desempodera no sólo como mujeres sino también como madres, ¿acaso no es mi instinto la mayor de las sabidurías? ¿qué mayor saber hacer que escuchar lo que siento muy dentro de mí? Yo leo, escucho, me nutro de información, pero en última instancia me escucho a mí, y si algo no resuena conmigo lo dejo pasar porque sencillamente no es para mí, y que nadie trate de convencerme de lo contrario, como tampoco yo trato de decir a nadie el modo en que ha de criar a sus hijos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s