A los que se saltan la cuarentena.

No me indignan los políticos nefastos que nos gobiernan, esos hace mucho que dejaron de indignarme. Los considero a todos, hasta que aparezca alguno que me demuestre lo contrario, harina del mismo costal. Depredadores del poder, escalando peldaños y preocupados únicamente para llegar lo más alto posible a cualquier precio, incluso renunciando a sus propios principios, si es que algún día, tal vez en sus inicios, los tuvieron. Si en los momentos de bonanza se dedican al juego del desprestigio mutuo, aprovechando la mínima oportunidad para sacar rédito político, no esperaba menos de una situación de crisis como la que estamos viviendo. Es por ello que no me ha decepcionado no verlos unidos, olvidando sus diferencias, y luchando codo con codo para llevar esta situación de la manera menos dolorosa posible para toda la sociedad. Hace mucho tiempo que los políticos dejaron de decepcionarme.

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Tampoco me indigna la indiferencia de aquellos que poseen grandes fortunas: empresarios, famosos, artistas y deportistas que manejan grandes cantidades de dinero (sobretodo si se dedican a dar patadas a un balón). No he escuchado grandes aportaciones, salvo alguna excepción, para ayudar en esta pandemia. Lo que más me ha llegado son vídeos animándonos desde sus lujosos chalets, con piscina, gimnasio y jardín con más metros cuadrados que el parque de mi barrio, reiterándonos que nos quedemos en casa, en nuestro pisito de 90 m2, mientras ellos nos dan ejemplo desde sus feudos privados en los que yo pagaría por pasar gustosa todo un año de cuarentena. No, estos famosos que pronto olvidaron sus orígenes tampoco me decepcionan.

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El que de verdad me decepciona, el que me decepciona enormemente es el que está en una situación similar a la mía, el que despotrica del político de turno de uno u otro partido, o reniega de los ricos y famosos que se saben todas los recovecos legales para pagar menos impuestos, pero luego es más listo que nadie. Él sabe lo que hace, y cuatro médicos exagerados no lo van a tener encerrado en su casa a cal y canto, inútilmente.

Está el astuto que tiene un perro, y sabiéndose con derecho a sacarlo a pasear, lo utiliza de coartada para pasear por la ciudad más de lo que lo ha hecho en toda su vida, turnándose además al animal para que todos los miembros de la familia tengan su rato de esparcimiento. A todas horas está el animal de paseo, no se ha visto en otra el perrillo.

También está el pícaro adicto a las compras, que sabe que con llevar una bolsa del Consum tiene vía libre para pasear a sus anchas. Por supuesto, el super de al lado de casa le pilla demasiado cerca, y todos los días, casualmente, tiene que volver a acudir porque olvidó, de nuevo, algo de vital importancia.

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Y luego está el currante empedernido, que nunca lo ha sido pero ahora, casualmente, considera imprescindible acudir a su taller, local o negocio, a hacer cualquier función ineludible, aún cuando los clientes no van a regresar en largo tiempo. Porque claro, si allí está solo, ¡qué importancia tiene!, no puede contagiar ni contagiarse de nadie, y más si el local en cuestión está en algún lugar apartado de la ciudad, polígono, campo o similar. Lo del riesgo de entrar y salir de su casa, aún no ha sido capaz de comprenderlo, no le interesa comprenderlo.

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Por supuesto, hay más ejemplos, y mucho más flagrantes, porque en zonas de barrio, como donde yo vivo, donde no hay controles policiales, ni controles ni policías, hay gente que ni siquiera se molesta en disimular con la bolsa del super o la mascota. He visto parejitas de 15 años pasear de la mano, grupos de chavales y no tan chavales, y casas a las que llegan visitas de familias con niños, incluso tenemos un simpático personaje que sale a pasear con su gato en brazos, lo cual al menos nos ha servido para echar unas risas.

Toda esta gente es la que a mi me decepciona profundamente, no alcanzo a comprender cómo se puede ser tan insolidario, tan egoísta, acomodados con todos esos privilegios que poseemos gracias a que otros antes que nosotros lucharon por ellos, se dejaron la vida por ellos. ¿Acaso nos han pedido algo tan difícil y doloroso? ¿nos han pedido donar sangre? ¿o quizá repartir nuestra comida o bienes para los que no tienen? ¿nos han privado de luz, agua, Internet? ¿nos han evacuado de nuestras casas y confinado en algún inhóspito lugar? ¿nos hemos quedado sin hospitales y policías? ¿es que acaso nos han pedido ir a luchar al frente como a tantos jóvenes de otras épocas se les pidió? ¡Ah no!, que sólamente nos han pedido quedarnos en nuestro hogar con nuestros seres queridos. Que resulta que seguimos disponiendo de todas las comodidades: luz, agua, Internet, y de todos nuestros bienes más preciados, incluidos aquellos que tantas horas de ocio nos pueden proporcionar como televisión, ordenadores, móviles, tablets, y que además resulta que tenemos la nevera llena, como para un año algunos, y los supermercados y farmacias siguen abiertas. ¡Pero es que quedarse en casa encerrado es tan duro! hay quien es menos casero, y claro, se le cae la casa encima.

¡Pues señores, entérense! Es duro para todos, que a todos se nos cae la casa encima después de 15 días, que la persona más casera del mundo está pensando en volverse nómada cuando pase todo esto. Pero todos estamos haciendo un esfuerzo titánico, porque hay mucha gente para la que sí que está siendo una situación realmente dura, que lo está pasando verdaderamente mal, y el hecho de tener que estar encerrado en casa con su familia sería para ellos un auténtico privilegio en estos momentos. Que con vuestra chulería, con esa pillería que os resulta tan divertida estáis tirando por tierra el esfuerzo de miles de personas, que estáis consiguiendo que la situación se siga prolongando, que sois culpables directos del drama que están viviendo muchas familias. Y que si tan imposible os resulta acatar las normas tal vez deberíais replantearos si merecéis todos los privilegios que tenéis por el sólo hecho de haber nacido en esta época y parte del mundo, y de paso replantearos a qué se debe que os resulte tan duro permanecer junto a vuestra familia, o por qué no sois capaces de ocupar vuestra soledad, de aprovechar esta situación como una oportunidad para recuperar un tiempo con uno mismo que el vertiginoso ritmo de la sociedad actual nos había robado.

¡QUÉDATE EN CASA, COÑO!

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