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Vegana ahora, ¿por qué?

Si hace un año me hubieran dicho que me iba a autodefinir como vegana, no lo habría creído.

Yo, como la mayoría de la gente, tenía una serie de creencias que jamás me había cuestionado, tal vez porque no lo había necesitado, seguramente porque no cuestionármelas era lo más cómodo, seguir en lo conocido siempre es lo más fácil.

Pensaba que el consumo de carne era imprescindible para la salud, y creía ciegamente que los animales eran tratados y, sacrificados después, de la forma menos dolorosa posible, de la forma más humana.

Pensaba que las gallinas ponían muchos huevos porque esa era su naturaleza, y que las vacas “lecheras” daban leche sin cesar por el mismo motivo. Y también me creí el cuento de los tres lácteos al día necesarios para no tener problemas de calcio.

Y, dado que toda la vida se ha comido carne, porque es necesario, porque es lo normal, porque el ser humano es omnívoro, etc. los veganos me parecían radicales y exagerados, y en alguna ocasión llegué a decir aquello de “las plantas también sufren”.

¿Y cómo llegué hasta aquí? Todo empezó por mi salud…

No sabría decir exactamente cuando empezó, pero desde hacía algunos años mis digestiones no eran fáciles. Comenzó con ciertos alimentos, que me producían un dolor de barriga inmediato tras consumirlos, pero la lista de comidas que me producían dolor de barriga fue incrementando cada vez más hasta llegar a un punto en que no importaba lo que comiera, el dolor de barriga estaba garantizado después de comer, y los dolores de barriga cada vez eran más fuertes.

En circunstancias normales habría acudido al médico, pero lo fuí dejando y para cuando el dolor de barriga era una constante en mi vida, llegó el Covid y el confinamiento, y no era el momento de acudir al médico por algo que podía sobrellevar, así que empecé a investigar por mi cuenta para tratar de dar con alguna posible causa.

Lo primero que apareció como la causa más probable fue la celiaquía, y durante una temporada evité tomar alimentos con gluten, a modo de prueba, y algo mejoró, pero enseguida volvieron los dolores. Y entonces, por casualidad, di con una entrevista sobre nutrición que le hacían a la nutricionista Carla Zaplana. Hablaba sobre los beneficios para la salud de una alimentación basada en plantas, y como ésta mejoraba una serie de problemas que muchas personas padecían (hinchazón constante, malas digestiones, dificultad para ir al baño…) ¡Parecía estar describiéndome! Su conclusión final me encantó, era algo así como: “prueba una alimentación basada en plantas por un mes, y si no te va bien pues vuelves a lo de antes, ¿qué es un mes en tu vida?” Y pensé que tenía razón, que no perdía nada por probar, ¿qué era un mes en una vida?

Empecé incorporando a mi rutina diaria zumos y batidos de frutas, ¡me enamoré! y cuando quise incorporar más verduras, legumbres, frutos secos y semillas a mis comidas principales, me dí cuenta de que no salía de ensaladas, los socorridos guisos (sin el chorizo), cremas y hervidos, así que me convertí en una “caza recetas”, y ese fue el principio de mi transformación…

Batido Tropical Green
https://www.carlazaplana.com/

La búsqueda de recetas me llevó a descubrir un sinfín de páginas con recetas veganas sencillamente deliciosas. Descubrí modos de preparación, combinaciones e ingredientes que nunca antes había utilizado y me dí cuenta de que la alimentación vegana, no sólo no era aburrida o deficiente, sino que era tremendamente variada y deliciosa. Sin darme cuenta, desaparecieron mis dolores de barriga, mis problemas para ir al baño, y mi sensación de hinchazón constante, y no he vuelto a tener una digestión de esas horriblemente pesadas, que te dejan sin energía por horas; de rebote, perdí 7 kilos, y aunque no era realmente lo que iba buscando, pues sienta bien, la verdad.

En este momento yo ya llevaba una alimentación 100% vegana, y aunque no me consideraba “vegana”, había comprobado por mí misma que una alimentación vegana no sólo era posible, sino que era totalmente beneficiosa para la salud. Obviamente, no me quedé con la entrevista a Carla Zaplana, desde ese día no he parado de leer y buscar información contrastada sobre este tema, y me preguntaba por qué toda esa información no había llegado ya a la mayoría de la población, sin tener que dedicar tu interés, tiempo y esfuerzo en encontrarla.

Un día, un amigo me preguntó por qué me estaba volviendo vegana, y yo, que aún estaba asimilando un cambio tan grande en mi vida, le dije que había empezado por la salud, y él me contestó: “bueno, si es por la salud vale, pero no me digas que es por los animales, los animales están para eso, para comérselos”. Ese rechazo tan grande a que el motivo por el cual no quisiera “comer animales”, fuera, simplemente, por ellos, me hizo darme cuenta que yo también sentía ese mismo rechazo, y empecé de nuevo a cuestionarme mis propias creencias.

¿Por qué a mí misma me costaba menos decir que era vegana por salud, que por los animales? ¿Por qué yo misma pensaba que los animales siempre han estado para eso, que no pasa nada, que es lo normal, lo natural en el hombre? Si toda la vida se ha hecho, ¿estaba bien seguir haciéndolo aún después de saber que, no sólo es posible alimentarse sin que ningún animal muera, sino que es absolutamente beneficioso para la salud…? Y entonces, quise saber cómo sucedía, cómo morían los animales. Obviamente ya sabía que no iba ser agradable ver animales morir, pero quería verlo, necesitaba saber si el cuento que siempre me había creído de animales cuidados con respeto y dignidad, hasta llegar al momento de una muerte rápida y sin dolor, era real, y entonces….descubrí un infierno.

Dominion, documental disponible en Youtube, con subtítulos en español.
https://www.youtube.com/watch?v=SdNRhpg8L_E&list=WL&index=18&t=28s

¿Puede un documental cambiarte la vida? Dominion me la cambió. Descubrir que miles de millones de animales son tratados de una forma tan absolutamente cruel desde el momento de su nacimiento, sin recibir un atisbo de compasión, sin un resquicio de empatía hacia su reiterado sufrimiento, sin importar que tengan apenas días de vida, y conducidos después a una muerte que, pudiendo ser indolora, no lo es, porque requeriría más tiempo, menos producción, más dinero….y, todo, simplemente, por pertenecer a la especie equivocada…me pareció insoportable. ¿Y ese infierno por qué? ¿por qué es imprescindible para nuestra propia supervivencia? ¿por qué es bueno para nuestra salud? no, sólo por unos minutos de placer en mi paladar… Jamás, jamás volvería a permitírmelo.

No necesitaba más argumentos, las imágenes de esos nobles animales estaban aún en mi retina, pero, por si no fuera poco llegaron nuevos argumentos para respaldar mi opción. Sólo había que buscar un poco más, para descubrir la cantidad de litros de agua que supone el producir una sola hamburguesa, las emisiones de CO2 provocadas por el hacinamiento de miles de animales, la contaminación de ríos y mares por sus residuos (cacas y pipi) no tratados, la deforestación de bosques para sustituirlos por campos de cultivo para alimentar a los animales que luego nos comemos, los mares sobreexplotados por una pesca que sólo considera sacar el mayor número de ejemplares a cualquier precio…, la información está ahí, y es demoledora. Sólo hay que querer encontrarla.

Llevo media vida preocupándome por el medio ambiente, por el cambio climático, impotente al creer que nada podía cambiar, que ya había hecho todo lo que estaba en mi mano (reciclar mi basura, cambiar el baño por la ducha, reducir el consumo de plásticos de un sólo uso, etc), y año tras año, no sólo todo seguía igual, sino que empeoraba. Creía que nada de lo que pudiera hacer sería nunca suficiente, porque el impacto mayor estaba en manos de gobiernos y grandes empresas, y unos y otras se vendían al dinero, y descubro que no era así, que el mayor de los impactos sobre el planeta estaba justo aquí, en mis manos, en mi cocina…

No diré que ha sido un camino de rosas llegar hasta aquí, ha habido mucho aprendizaje y cambios muy grandes, y el camino no ha hecho más que empezar…. Aún me quedan por delante muchos actos sociales que gestionar (que por el Covid han estado paralizados), comidas familiares, o salidas a comer, o simplemente tomar el aperitivo en una ciudad pequeña, donde las opciones veganas son ridículamente escasas. Aún me quedan muchas explicaciones que dar, y sobrellevar la incomprensión o los chascarrillos de amigos, conocidos o familiares. Pero la verdad es que no me importa, nunca fuí de elegir el camino fácil, y este es para mí el camino correcto, porque he comprendido que lo que pongo en mi mesa, no sólo afecta a mi salud, no sólo me incumbe a mí, sino que tiene una repercusión directa en la contaminación del planeta, en la destrucción de hábitats, y en condenar a una vida corta y dolorosamente cruel a miles de millones de animales.

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